En estas líneas no se va a desvelar nada novedoso, extraordinario o inusual. El objetivo de este texto es mostrar una manera particular de seguir el proceso de formación de imágenes, entendidas como resultado de la proyección de la luz desde la fuente hasta la recepción en la retina de nuestro ojo, y considerando algunos agentes que pueden modificar la imagen resultante. Distinguiendo estos elementos, podremos además encontrar nuevas posibilidades a la hora de pensar nuestras imágenes: tanto las ya vividas (en las que estos parámetros han intervenido decisivamente), como las que están por venir. Este podrá ser un texto privado, habitado desde la indulgencia por imprecisiones de todo tipo, pero que a cambio nos podrá servir de método para la reflexión y la construcción de un espacio para las imágenes, a pesar de que, con toda seguridad, este sea un método bastante impreciso.
Para formularlo, nos hemos basado por un lado en la experiencia de la percepción individual, y por otro en las conclusiones obtenidas a partir de la recolección de fotografías que sirvieron de testimonio de situaciones que se generalizan aquí.
A partir de ahora asumimos la transmisión direccional de la luz en línea recta para establecer una relación consecutiva de los agentes participantes en el proceso.
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