Presentando el proceso de la formación de las imágenes a partir de nuestro entorno, hemos apuntado aquí la participación de dos sistemas de proyección: el de la luz que incide en los cuerpos, y el que la recoge y sirve a nuestra visión. Hablaremos ahora de un tercer sistema.
Previamente a este momento podremos haber distribuido algunos elementos con diferentes propiedades (densidad, transparencia,...) delante del proyector que nos dispondremos a usar, pero además podremos controlar otros elementos como el enfoque, las distancias, la forma y dimensiones de la pantalla,... Ahora, en la oscuridad encendemos el proyector. Abrimos los ojos. Y ahí delante de nosotros, pero al mismo tiempo en nuestro interior, está la imagen.
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